La cosa es que, en una de mis vueltas por el parque (un lugar muy lindo y pacífico cuando no está repleto de otakus), me lo crucé a Billy. Sí, a Billy, al viejo y desaparecido Billy del cual ya todos los que leen mis journals están al tanto de su existencia.
- ¡Billy! ¿Qué hacés, hermano?- Lo saludé, emocionado por el fortuito reencuentro.
- Shh... No grites mi nombre, gilún-. Me advirtió, mirando a ambos lados sospechosamente.
Estaba vestido de lo que parecía ser una suerte de Naruto o alguno de esos ninjas balas de la serie. Me estrechó la mano con firmesa y me dedicó una enigmática sonrisa.
- ¿Qué hacés vos por acá? No sabía que te cabía esta movida-. Me preguntó.
- No, la verdad no me va ni ahí. Vine porque el estudio que creamos con unos amigos consiguió una mesa. Están arriba, haciendo dibujos gratis para la gente-. Le expliqué brevemente.
- ¿Y vos? ¿
¿Qué podía contestarle? ¿La verdad? ¿Que aquel ambiente no me gustaba para nada? ¿Que no podía mas que sentir aversión y un cierto dejo de tristeza por esa gente? ¿Que la sensación de estar totalmente descolocado me volvía vulnerable y agresivo a la vez? O quizá más verdad aún: ¿Que todavía no había superado el miedo al rechazo de mi arte?
- Nada. No había más lugar... y aparte el manga no es lo mío- Contesté finalmente.
Billy me escrutó con aquellos sabios ojos de jabalí. Ojos que habían visto toda clase personas y de acciones, de sentimientos y mentiras. Sabía que no se la creería, él era mucho más inteligente que yo. Pero así como era de inteligente lo era también en compasivo, y fue por eso, por compasión, que decidió darse por aludido.
- ¿Y tus amigos me pueden hacer un dibujo?-.
- Sí, si no están muy ocupados seguro que sí-.
Nos encaminamos hacia el salón donde se encontraba el grupo. Se los veía a todos muy serios y trabajadores. Mucha gente estaba reunida alrededor del stand. Algunos pedían dibujos, otros miraban las carpetas individuales de cada uno, otros miraban como dibujaban, y algunos otros simplemente les daban charla a mis ocupados compinches. Betito sonreía, sabía cuanto le gustaban los retos, cada dibujo que la gente pedía era una aventura para él. Sentí una suerte de celos, celos por ser incapaz de emocionarme tanto como él. A su lado estaba Jony, no muy concentrado, puesto que le daba charla a los demás miembros del grupo. Así era Jony, extremadamente necesario en el equipo. Era él quién siempre le agragaba una pincelada de color al lienzo más gris y deprimente. Beto, en una punta, dibujaba sin parar. Sabía que no disfrutaba del todo de aquellas comisiones rá
- Les está yendo bastante bien-. Musitó Billy.
- Parece que sí-. Me encogí de hombros.
Era cierto. El grupo funcionaba, o por lo menos así se me antojó a mí, a la perfección. No había hendidura alguna en el lugar donde debería haber estado sentado yo. Mi carpeta de dibujos estaba ahí, estática, nadie parecía siquiera haberse interesado en ella. Mis dibujos, colgados de fondo, eran como panfletos de propagandas en el subte, esos que nadie absolutamente nadie lee, y en caso de que la vista llegase a toparse accidentalmente con ellos son ignorados. Así me sentí de golpe en ese momento, completamente dispensable, inutil, un cuatro de copas cualquiera.
- Parece que no van a tener tiempo para mi dibujo-. Soltó Billy, finjiendo estar decepcionado.
- No, parece que no van a poder. ¿Querés ir a tomar algo?-. Le ofrecí.
- Sí, dale, vamos. Por los viejos tiempos-.
Salimos de aquel atestado antro, compramos unas cocas y nos sentamos por ahí, cerca de una cascadita. Hablamos giladas durante un rato, recuerdos de nuestras alocadas vivencias pasadas; de Rulo, de Ulfulfio, del viaje en trencito a Aldo Bonsi, de las dos protitutas, de su viaje a los Apeninos.
- Que lástima lo del dibujo. Realmente quería llevarme uno a casa-. Se lamentó él, de repente.
- Bueno... si querés te hago yo uno, pero que se yo-.
- Dale, dibujame algo, no seas marica-. Me animó.
Saqué un lá
- ¿Qué querés?-.
- Lo que sea. Quiero a Alf, ese que volvió en forma de fichas-.
- Es por el hijo de puta del Rulo, ¿no?-.
- Jajaja, sí. Que en paz descanse-. Rió él.
Empecé a dibujar a Alf, pero Billy me detuvo.
- Pero lo quiero jugando al Truco con el Colo de los Cebollitas-. Agregó.
- ¿El Colo? ¿Sabés que lo vimos hace poco con un amigo?... Esperá ¿Los sabías?-.
- Sí, lo leí en tu Journal. De vez en cuando me conecto para ver que onda-.
Me sentí halagado. Billy leía lo que yo escribía. Un lector, un puto lector. "Con tener uno solo ya todo vale la pena" pensé.
Le hice el dibujo con todas las ganas. Se lo mostré y nos cagamos de risa durante media hora. Billy era un tipo sabio, ya lo dije. Sabía bien con tan solo un gesto, una mirada, una petición, como levantarle los ánimos a cualquiera.
Ese día me volví a casa más tranquilo. Billy desapareció nuevamente. ¿Quién sabe a dónde? ¿Quién sabe qué clase de aventuras y quilombos tendrá en el futuro? Pero esta vez me prometió que nos íbamos a volver a encontrar, y yo en Billy confío plenamente.







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